Lo primero que debes saber es que el café recién tostado libera importantes cantidades de dióxido de carbono. Se trata de un proceso lento, dado que los granos de café retienen parte del gas después del tostado y lo van liberando progresivamente. Se calcula que pueden continuar emitiendo CO2 durante más de dos semanas.

Por otro lado, debes tener en cuenta que tanto el oxígeno como la humedad y otros elementos del ambiente pueden dañar los granos de café. Para mantenerlo fresco, con su aroma, su sabor y todas las cualidades que hacen que nos guste tanto, es absolutamente imprescindible aislarlo de estas amenazas. Pero al mismo tiempo, como hemos explicado antes, es preciso permitir la salida de dióxido de carbono. ¿Cómo resolver este problema para conservar el producto en su máxima calidad?

Como habrás podido imaginar, la solución está precisamente en ese misterioso orificio de las bolsas de café en grano. En realidad se trata de una válvula de un solo sentido, que permite la salida de dióxido de carbono e impide la entrada de oxígeno y humedad. Gracias a este pequeño invento puedes disfrutar en casa de un café de importación fresco y sabroso, capaz de resistir los viajes y el tiempo que transcurre desde que es tostado y envasado hasta que llega a tu taza.

Las válvulas que suelen utilizarse en la actualidad pueden preservar el café en un punto de calidad óptimo durante aproximadamente cuatro meses. Cuando abras un nuevo paquete de grano para preparar tu bebida favorita, recuerda volver a cerrarlo lo mejor posible a continuación y guardar la bolsa en un lugar fresco y aislado. Sólo de este modo podrás disfrutar a diario de uno de los pequeños grandes placeres de la vida: el olor a café fresco por las mañanas.

Fuente: www.abc.es


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